2/11/11

Lo que se llevaron




Todo amaneció intacto... "¿por qué no se lo comieron?, dijiste que vendrían anoche y que la comida era para ellos". Así amanecimos hoy, mi respuesta (aún desmarañándome los pelos desvelados): "quizá lo que se llevaron fue el sabor..." increíble pero con eso bastó para dejar al duende pensando.

Día de muertos es una incógnita mayúscula, tanto como la muerte, para cualquiera y más si eres niño (he de suponer). Yo no recuerdo mucho del festejo, como buena norteña, sólo queda en mi memoria las tediosas visitas al cementerio cuando aún hacía calor -porque en mi rancho no hace frío hasta el mero 24 de diciembre a veces- y las flores en ramo abundaban.

Fue hasta los 24 años que me topé de frente con el verdadero sentir de la fiesta de muertos. Vivir en el centro de una ciudad del centro (vaya!) del país le cambia uno hasta la manera de ver la muerte. El olor del cempasúchitl y el copal entrando por la ventana, el espectáculo del color por todas las banquetas: papel picado, calaveras, panes, frutas, velas, flores, figuritas de todo tipo, ollas de barro, etc... y luego la velación, entre unos vinos de frutas (cómo los extraño!) y unos tamales a caminar entre los altares sintiéndose en una verdadera verbena... ¿cuál tristeza?

Si todos los muertos se encuentran en un mismo lugar -descartando todas esa hipótesis religiosas de escalones antes y después de la gloria- yo creo que hoy hay jolgorio... o mínimo resaca pues anoche muchos se chuparon la "esencia" de mezcales, tequilas, atoles, moles y un sin fin de panes en su honor...

Bien por ellos...

Las fotos son del que me enseñó que la noche siempre es larga, un beso Beto.

1 comentario:

Iga dijo...

una de las canciones con banda que se toca en los funerales es La Higuerita... esa me encanta.


saludos