




Pasajera con rumbo perdido,
no encuentro mi boleto...
ni sé como se llama mi destino.
Recuerdo venir en el tren
donde el tiempo
juega poker cerrado con la suerte,
el dolor, la lealtad y la muerte.
A mi viejo le creció un caracol en el estómago, le camina haciéndole sentir nauseas. No ha comido nada desde hace días pues lo quiere matar de hambre; no sale al sol para provocarle tristeza y por las tardes se llena la cabeza de números en el afán de intoxicarlo.