















El día completo en el agua. Llegamos temprano, la luz apenas se dejaba ver entre los árboles y corría un viento fresco. Entramos esfumándonos por una reja y caminamos por una vereda llena de hojas de haya que crujían... duramos un rato transitando. Aterrizamos ante la poza, la cascada y sus lianas. Todos se metieron al agua y yo me senté a ver. 
Las 11 pm, nosotros llegando con el duende a cuestas; por la ventana los 4 sentados frente a la diminuta mesa: 3 cervezas y un vaso de vino. Yo con mallas turquesa y pensamientos rojos me presento ante una flor púrpura.
Cerca de Mexicali, en pleno desierto existe éste increíble lugar: un humedal que da descanso y comida a muchísimas aves. Ante el sol inclemente, esto parece solo ilusión.






8 cuadras a la redonda de mi casa y 20 minutos me bastaron para encontrar 10 plantas de hinojo meramente urbanas, crecidas en baldíos, banquetas, senderos, arroyos, postes y puentes. Las hubo solitarias, algunas enamoradas y entrelazadas, otras tras las rejas y no faltaron las que estaban de incógnito. Ahora entiendo porque me invade ese aroma dulce y fresco cada que abro la puerta...
Hace 10 años escribí en un papel de baño una larga tragedia; cambié de tinta a lápiz cuando no hubo más. Ese rollo lo guardé, se mudó conmigo varias veces (¿3?) y hace unos meses lo encontré intentando hacerse el inexistente, detrás de una gran montaña de copias, polvoriento y algo percudido. El olvido actúa rápido.
1.- Aparecer y desaparecer a placer.
Déficit de atención? Pues si, algo hay de eso... no entiendo porque dicen que es un defecto si la verdad es que es una capacidad, la de de estar en muchos lados. Ejemplo: mientras licúo puedo batir y si hay espacio hasta frío. Cada acción tiene su pequeño espacio, tiempo y utensilio. Así es como me las lío con una tesis interminable, una sobre población de lechugas ajenas pero queridas, un curso de foto que nadie quiere y un duende de boca grande. No me concentro en una sola cosa, IMPOSIBLE, tendría que volver a nacer y ponerme tapaojos como esos de los caballos de carga para evitar mis inquietudes.
Era media noche y al ir por un vaso de agua las vi... era tantas que decidí no contarlas; adheridas a la cortina eran una constelación triangular sobre un manto luminoso.
Vestido turquesa sin mangas y una copa de vino blanco en la izquierda. Mirada extraviada y sonrisa falsa. Tu deberías estar parado aquí en vez de mi... quisiera saber por qué se me ocurrió meterme en esto. Todo comenzó con Ella... preguntó si tenía el fin de semana libre, solo bastó decir SI para que en unas horas estuviera por llegar al D.F. Los minutos contados y unas palabras de agradecimiento me traían de nervios... ¿qué podía decir en tu nombre? "¿gracias?", "¿es un honor?". Estoy echa un zombie y esta es mi primera copa. Mi única defensa: tomarle fotos a todos. Estoy en el brindis VIP (horror) y quiero meterme al baño para no salir, eso si con una botella para no sentirme sola.
Tijuana cayendo la noche y nosotros en tu balcón con vista al pacífico y esa frontera. El jueves me subí al tranvía por primera vez, todos teníamos cara de latinos pero nadie hablaba en español... que frío hacía! Extraño el sabor del sur, quisiera que el tranvía no subiera sino bajara y me llevara hasta la frontera con belice, pasando por el desierto, la sierra, la selva... el trópico. Que hiciera escalas para probar tamales de camarón, semitas y marquesitas, gorditas de harina, picadas de anís, mole negro, chipotles dulces y no puede faltar una jarra de pozol. De soundtrack unos sones huatescos a la luz de los cocuyos y de equipaje 2 libros, uno de bolsillo y otro con buen tamaño para escalar.
Sudaba todita y no había quien dijera "ahí estuvo"... el lugar era nuestro vaya. 
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